¿Piratería o propaganda?  Cuando LALIGA decide quién es el criminal

Esta semana, LALIGA y El Confidencial organizaron un foro con nombre de thriller: Colaboradores invisibles: quién facilita el negocio del fraude audiovisual. El cartel era de lujo: abogados, CEOs, policías y expertos en ciberseguridad. ¿El objetivo? Convencer al mundo de que la piratería digital es poco menos que crimen organizado... y que los verdaderos villanos no son los mafiosos, sino los servidores, las plataformas y —sorpresa— tú, que ves el fútbol con un link en Telegram.

El fútbol pirateado es robo (o eso dicen)

“Ver fútbol pirateado es robar”, sentenció Javier Tebas, presidente de LALIGA, con tono mesiánico. A su lado, otros ponentes pedían a gritos que el Código Penal se reforme para castigar con más dureza la difusión de contenido deportivo sin licencia.

Pero ojo: no estamos hablando de redes mafiosas que trafican con armas o datos robados. No. Aquí la alarma es porque alguien ve un partido con un VPN, usa un proxy o entra en un dominio espejo. Según ellos, eso es equiparable a asaltar un banco. ¿Y la solución? Endurecer leyes, bloquear webs sin juicio y convertir a empresas como Google, Cloudflare o Amazon en policías privados.

El discurso: nosotros, víctimas; los demás, cómplices

Durante el evento, se repartieron culpas como quien reparte cartas marcadas. Las plataformas digitales son cómplices por no actuar, las redes CDN son sospechosas por ser neutras, y los usuarios jóvenes... bueno, ellos simplemente “no tienen conciencia social”, dijo un directivo de DAZN.

Es decir: si no juegas según las reglas de su negocio, eres parte del crimen. Si prestas infraestructura, tecnología o anonimato —como cualquier servicio digital legítimo—, estás “facilitando el fraude”. Así se justifica todo: desde el bloqueo de webs sin orden judicial hasta el chantaje moral de que ver un stream pirata te hace un ladrón.

Pero nadie habla de lo incómodo: ¿por qué la gente piratea?

Ninguno de estos expertos se preguntó lo obvio: ¿por qué millones de personas siguen accediendo a contenido pirata? ¿Será que pagar cien euros al mes por fútbol fragmentado en tres plataformas no es sostenible? ¿Será que el contenido bloqueado por geografía es un insulto en la era global? ¿Será que la experiencia legal es lenta, cara y frustrante?

No. Según ellos, la culpa es del anonimato, las criptos y los proxies. El discurso dominante no tiene tiempo para autocrítica. Prefieren construir un enemigo.

Piratería, crimen organizado y… ¿censura?

Lo más inquietante fue cómo se mezclaron conceptos. Se habló de la piratería como puerta de entrada a otros ciberdelitos. Se comparó a los distribuidores de streams con mafias digitales. Se pidió que los proveedores tecnológicos actúen “de forma proactiva” (es decir: sin esperar a jueces).

Y aquí está el problema: disfrazar la protección de negocio como una cruzada moral y legal permite legitimar la censura previa, la vigilancia sin orden judicial y el debilitamiento de derechos digitales. Todo en nombre del (negocio) del deporte.

¿Y si el problema no es la piratería, sino el modelo?

La verdadera piratería no es ver un partido gratis. Es construir un relato donde libertad en Internet = impunidad, y cooperación tecnológica = complicidad criminal. Es usar cifras infladas como los supuestos “treinta y cuatro mil millones” que pierde la industria, sin explicar cómo se calculan. Es pedir leyes más duras mientras se ignora que el acceso justo, económico y global es la verdadera solución.

Conclusión: el fútbol no puede estar por encima de la red

Defender los derechos de autor es legítimo. Defender un modelo de negocio obsoleto, abusivo y excluyente… no tanto. El acceso a Internet, el anonimato, la neutralidad de la red y la presunción de inocencia no pueden ser sacrificados en nombre del NEGOCIO del fútbol.

No se trata de justificar la piratería, sino de desenmascarar una narrativa que quiere convertir cada byte compartido en un crimen y cada usuario curioso en un delincuente. El futuro de la cultura digital no puede escribirse con amenazas, sino con diálogo, accesibilidad y libertad.

 

#laligagate

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